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Tokio (V): Volviendo a casa

¡Feliz viernes! 

Aquí me tenéis, ¡para vosotros!. La mala noticia es que se acaban los post de Japón. Y la buena noticia de que en breves tendréis posts de otros destinos. Pero para que el cambio no sea tan radical, la siguiente semana podréis leer las impresiones que tuve sobre Tokio, y todas esas cosas que me llamaron muchísimo la atención.

 

TOKIO: DE VUELTA A CASA

Último día en Tokio

Volver a León se hizo algo más llevadero, a pesar las más de 20 horas de viaje hasta llegar a casa. Sorprendentemente ninguno de los dos sufrimos el famoso jet lag.

Nuestro último “día” lo dedicamos a no levantarnos muy pronto y a disfrutar las últimas horas en Tokio. Aunque luego pasaríamos muchas horas metidos en un avión, teníamos claro que a la vuelta había que estar descansado.

Y tras ordenar el apartamento de Airbnb en el que nos alojamos, cogimos las cosas y nos fuimos a dar un último paseo por Shinjuku. No sin antes dejarle una nota de agradecimiento al anfitrión 🙂

Dedicamos la mañana prácticamente a eso, y es que no es lo mismo verlo de día que de noche. Sigue habiendo mucha gente, el ambiente es completamente diferente y merece la pena.

Al final, a la hora de comer, acabamos en el centro comercial del día anterior, el Takashimaya Times Square (os dejo el link al post anterior aquí). Teníamos la espinita clavada con toda la cantidad de comida que vimos,. No podíamos irnos de Tokio sin probar alguno de lo que vendían. Sólo os diré una cosa: todo tenía tan buena pinta que estábamos en plan “TAKE MY MONEY”. Al final acabamos comiendo pastelitos de arroz son salmón y verduras, y un par de cositas más cuyo nombre desconozco completamente, pero RIQUÍSIMO.

Después subimos a la terraza – mirador del mismo edificio. No es que fuera de los más altos de Tokio pero se podía pasar un buen rato allí arriba tranquilamente. Desde allí se veía a lo lejos el Skytree, la Torre de Tokio y los Jardines Shinjuku. Y era completamente gratuito. Una bonita forma de despedirnos de Tokio (quien sabe, a lo mejor hasta la próxima vez)

 

Y poco después tuvimos que coger el tren directo al aeropuerto de Narita. Pero se nos ocurrió bajar en Nippori y dar un pequeño paseo por allí. Era una zona alejada de donde habíamos estado alojados así que no nos habíamos planteado verla hasta que nos dimos cuenta que con el tren de camino al aeropuerto, pasábamos por allí. 

Es una zona comercial, con pequeñas tiendas y puestos de comida, pero con un precio más bajo que el del centro de la ciudad. Me quedaban algunas cosas que comprar para la familia, y encontré dos cucadas en una pequeña tienda artesanal. Un abanico japonés y una pequeña figura de un gato amarillo con la patita izquierda levantada. Esta última es conocida como maneki-neko, y es utilizada para dar suerte. En función de qué patita levante y de qué color sea, dará suerte para unas cosas o para otras. Y el cascabel, se cree que es para ahuyentar a los malos espíritus.

Y al final, tras un largo trayecto hasta el aeropuerto, llegamos. Tuvimos que hacer lo mismo que en Budapest para tener las tarjetas de embarque. Esta vez todos los asientos que quedaban disponibles eran individuales, hasta el destino donde hacíamos escala. Así que de Tokio a Estambul, con unas 11 horas de vuelo por medio, estuvimos “solos”, pero bueno, sentado uno detrás de otro. Fuimos con la misma aerolínea que al ir a Japón, Turkish Airlines.

Reconozco que el viaje se hizo menos pesado que a la ida, no sé si por la hora a la que embarcamos o lo que fuera. También es verdad que se lleva mejor viajar a través de usos horarios anteriores que posteriores, es más fácil adaptarse a 6 menos que a 6 horas más.Cenamos y desayunamos en el avión, unas horas de sueño y algunas películas y en nada estábamos en Europa.

 

Escala en Estambul

La espera en Turquía fue bastante corta. Entre salir de un avión, pasar los controles de seguridad por llegada de avión de otro continente, y llegar hasta la otra puerta de embarque, se pasaron las 2 horas muy rápido. Y las 4 horas de Estambul – Budapest, más rápido aún, más que nada porque estuvimos durmiendo todo el rato.

Cuando llegamos a Budapest, ya estábamos con el horario europeo al 100% y aprovechamos la mañana para ir a pasear por Isla Margarita.  A media mañana el amigo con el que fui a Tokio tenía que coger un bus hacia su ciudad, y yo aproveché a reencontrarme otra vez con amigo del Erasmus. Comimos y ¡corriendo al aeropuerto de Budapest!

Una hora de espera allí, 3 horas de vuelo hasta Madrid, y por fin en España. Creo que la parte más dura del viaje de vuelta fue el tren hacia León. Casi 4 horas de viaje en el último tren del día, y llegando a casa de madrugada. 

 

Lo bueno es que tantas horas de viaje, lo que viene siendo prácticamente un día completo, es que tuve tiempo de sobra para escribir todas las impresiones que tuve de Japón, y las voy a compartir con vosotros en el siguiente post. 

Volví con tanta prisa a León porque en menos de 72 horas me volvía a ir de viaje. Esta vez en familia el destino fue Portugal. Una ruta en coche por Sintra, Lisboa y Figueira da Foz. Pero eso ya os lo cuento en breves más adelante 🙂

 

Así que con todas estas cositas, me despido de vosotros hasta la semana que viene.

 

¡Arigató!

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